Gran éxito de El Barracón con «Las bicicletas son para el verano».

El histórico Paraninfo de Filosofía de la Complu se abarrotó: más de 400 espectadores llenaron el salón… y el vestíbulo… y el pasillo con una larga cola que se formó desde media hora antes de la representación. Una emisora, con música y locutor con aires de 1936, amenizaba la espera del público impaciente porque no se abría la puerta de entrada; no era un retraso: a las 7 de la tarde, en punto, aparecieron Pablo y Luis, los dos adolescentes amigos, que hacen el Prólogo de la obra ante la mirada y los oidos sorprendidos de los presentes; delante de ellos, sin trampa ni cartón:  «Aquí, en la Ciudad Universitaria, no puede haber una guerra».

Los 2 chavales entran en la sala y, tras ellos, el público que ya ha aplaudido la escena en el hall, y va llenando las butacas… y los bancos de arriba.

Sin maquillaje ni de fondo, sin arrugas pintadas, sin canas artificiales (la caracterización tratamos de hacerla con el cuerpo y la voz desde hace años) los actores en escena, sentados en 12 sillas; la escenografía preparada: metateatro. Físicamente no hay paredes ni puertas ni ventanas: sólo una cinta marca el suelo separando a los intérpretes del lugar donde se transformarán en personajes: una puesta en escena cercana a un eliptico montaje cinematográfico, con actores sin salir del escenario y cambiando de vestuario a la vista del público.

Espacio sonoro muy diferenciado: los sonidos de la radio salen por la radio, la banda sonora por donde es el ambiente y los disparos… alguno sale de donde debe salir: de donde están situados los «pacos»: es la guerra y un disparo podía surgir de improviso, asustar… incluso matar; los espectadores se asustan… como así debió suceder.
La iluminación ajusta el lugar, la época y la hora.

El paso del tiempo, los horrores de la guerra, marcan a los personajes y el ambiente.
Las proyecciones -pocas y breves- cubren los imprescindibles cambios escénicos realizados por los propios actores y, sobre todo, muestran el deterioro de la Ciudad Universitaria madrileña, concretamente del mismo edificio en el que se está representando… ¡los efectos de la guerra!

Los brigadistas internacionales van a la Universitaria cantando «La Varsoviana»: los espectadores ovacionan la escena…

Llegan los bombardeos: bombilla que se bambolea… esperanzas, presagios… muerte… hambre culpable, justificado y deseperado… la victoria… espectadores absolutamente en silencio impresionante… emoción en escena y en platea.

«Dios sabe cuando habrá otro verano»… abrazo entre Don Luis y Luisito (ya Luis tras casi 3 duros años): los aplausos estallan, la función continúa… La radio sigue iluminada, una rosa morada yace en el centro del escenario…

Fin.

Saludos.

Fotos de Fernando Fernán Gómez: una sonriente y otra, a la manera anarquista, agradeciendo la ovación.

Dedicatoria del espectáculo en el que hay un sueño: el de que en algún lugar Muñoz Seca y García Lorca, abrazados, sigan sin entender que las heridas de la última guerra civil española no estén cicatrizadas aún, de que todavía no haya llegado la paz… Paz por la que l@s barraconer@s representan sus espectáculos.¡No a la guerra!

Bravos. Los espectadores en pie. Emoción.

Para nosotros ha sido una representación histórica que no olvidaremos; esperamos que también lo sea para quienes estuvieron en el Paraninfo.

Gracias a tod@s.

¡Viva el Teatro Universitario!

Prólogo en el Hall

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